_: Canning :_

Para cualquier milonguero que haya pasado por Buenos Aires, escuchar Scalabrini Ortiz 1331 equivale a identificar inmediatamente uno de los salones con más tradición en las noches milongueras, el Salón Parakultural Canning (pronúnciese 'cá-nin').

Canning es una gran bajera cuadrada con las paredes tapadas con paneles imitación madera, pósters de tango en las alturas, una pista cuadrada de piso aceptable y una moqueta ya semi roída que la rodea. Es la zona cero de los milongueros, el salón que encumbra y destruye bailarines.

La tendencia actual indica que son los lunes el día ideal para ir a Canning. Bien, variando esta costumbre, el pasado martes, éste que suscribe y la representante local del Goierri acudimos a dicho salón. Razón: actuación en directo de la orquesta "Color Tango" del maestro Roberto Álvarez.

Durante el viaje en taxi, un taxista definió con gran precisión la forma de conducir en Argentina: -Acá no se maneja, acá se esquiva. El mismo señor hizo una gran propuesta: para él, en las lunas traseras del auto deberían colocar una pantalla con la cara del conductor; -Así sabría en cada momento qué hacer al verle la cara al pelotudo de delante.

Existe algo más en Canning que no ha variado por los siglos de los siglos; ese pequeño perillas, siempre trajeado, de media melena que hace llamarse DJ. Si son DJs, cuando salen a presentar, ¿por qué no usan un micrófono? Un personaje así, pequeñín, se deja la garganta para que se le oigan cuatro palabras.

Hacia la 1 de la mañana, tras zarandear a una sueca, un porteñus feminus y alguien más, comienza a tocar Color Tango. Tres o cuatro piezas en la pista, pasando por delante de su cara... un gusto, oigan. Les adelanto una primicia, han aumentado la familia: tienen ahora un cantante. Un niño de 18 añitos de Junín que canta fenomenal; el siguiente disco de Color Tango vendrá con temas cantados, lo vereis.

Nos echan de la pista, actuación de locales: yo ya no les puedo decir los nombres, porque ya me perdí con tanto bailarín. Pero a estos les venía grande la orquesta en mi opinión. Él le hace un boleo a ella y están a un tris de irse al suelo, creo que podía hacer alterofilia con los hombros el bailarín.

Ché, a las 2, tras una hora de concierto, se van.... ¿ya? cuánta inconstancia tiene la cultura argentina. Los porteños sólo son constantes cuando quieren, con perdón de la expresión, mojar el churro.

La noche empieza a decaer, la orquesta se ha quedado en una mesa apartada. A la pianista le encanta bailar; me sugieren. Dale, vamos a por ella, así luego escucharé sus discos con recuerdos más intensos. Me dirijo a la mesa, -Buenas noches, ¿bailás? (sonrisa de ella, más amplia la de sus compañeros); -La próxima pieza, ¿sí?, ahora estoy hablando.

Creo que no es fácil intuir que no baile con ella, ni próxima pieza, ni siguiente, ni nada de nada. Recogieron y se fueron de allá. Ecce Homo... Bailarín frustrado.... ¿saben qué? me voy a comprar un disco de Sexteto Mayor, que con los abuelos nunca me podrá pasar nada parecido.

Felices Pascuas a todos.