_: Niño Bien y Villa Malcolm :_

Comenzaremos por comentar los hechos acaecidos la noche del pasado jueves en la milonga del Conjunto Regional Leonés, más conocida por todos como Niño Bien.

Niño Bien es una de mis favoritas, al menos lo era hasta ahora. Sin discusión el piso es el mejor que hay en los boliches de la ciudad. La sala es amplia y visible, y la luz no es lo suficientemente baja. Llegué al rededor de las 23.30 de la noche tras una FASCINANTE aventura en taxi por el centro de la ciudad. Aquí todos los taxistas tienen un pariente o un amigo rico en España, ¿ no lo sabíais ? Los españoles descendemos más de los argentinos que al revés.

Bueno, que me disipo, vamos a la milonga. Como siempre, a los solos, se nos arrejunta en las mesas de solos (nos tenían que poner un cartelito rojo para que se nos viera aún más). Esta vez, me tocó compartir con un Serbio jubilado que se dedica a recorrer el mundo viajando con su novia... yo también me quiero jubilar así. Baile dos tandas antes de que dieran las 00.30. Luego decidí no salir. Niño Bien ha muerto de éxito (Rubén dixit). ¡ Qué locura ! Un tango entero a base de vaivenes minúsculos y recibiendo codazos por todos los sitios. La gente, promesa de Niño Bien, se salía de la pista desquiciada!

Tras dos fernés cola y la colita dura como una tabla de estar sentado, dieron las 2.30 y aparecieron los primeros espacios. Baile un par de tandas con una Polaca bastante alta. Bien, sin más. Una parisina que conocí en la Nacional andaba por allí también, pero la tenían frita los milongueros; cebolleta tras cebolleta todos se la arrimaban (creo que el tango de la Francesita les llega más si bailan con una). También es curioso observar como intentan ligársela, y como unos a otros se la van quitando de la mesa. Repito, las milongas son el mayor placer que pueda tener un voyeur social como yo.

En la mesa de delante había dos porteñas, no llegué a hablar con ellas, pero estaba claro. La cantidad de calabazas que dieron, ¡qué barbarité! Bueno, yo me comí también las mías. Había una chiquita joven, protegida de un milonguero viejo por lo que deduje, ¡cabrona! Me dio calabazas en la cara. En fin, me voy acostumbrando. Hacia las 3.30 de la mañana ya había llegado el DJ a los cds de Pugliese, ¡bien! hay que aprovechar. A cada tanda me daba un paseo en plan torero por el ruedo a ver si pillaba a alguna de la silla (mucho más práctico que el cabeceo para los topos como yo). Veo a una candidata, me dirijo decidido, me mira; --¿ Bailás ? - (silencio) .. me enseña el pie y lo tenía sin zapato y como una bota de vino -*sick*- ¡cagada! --No importa; le digo. PeeeeRO, me dice la señora que tenía a lado, --Ella no, pero a su madre el encantaría bailar... ostia, PEDAZO DE GOL que me metió la mujer aquella. Yo que no sé decir que no.... la señora se fue contenta, me dijo que parecía un profesor (ego para arriba), eran canadienses las dos (la especie feminus porteñus está en extinción, está claro).

Tras estos dos antecedentes podéis imaginar, mis queridos amigos, que la noche del viernes era una completa incógnita para mí. Había quedado con Carolina y Martín en que iban a venir, nos iríamos "al Malcolm" (yo no sabía qué era eso) y de ahí a Canning. Al final, con la mierda de tiempo que está haciendo, se quedaron en la Plata. Pero yo, pelillos a la mar, me fui al Malcolm (Av. Córdoba 5064). Y ..... mis queridos lectores.... allí me reencontré y reconcilié con el Tango. ¡Qué gloria!, una práctica en una vieja cancha de Basket, con 5 pesitos de entrada. Al principio, como es mi hábito, estudio el sitio, lugares y costumbres. Ni cabeceo, ni mierdas; allí pillas vas donde una y te la sacas a la pista. No hay cortinas, si los dos están a gusto, se baila sin parar hasta que revientes.

El sitio es oscuro y no demasiado pulcro, muy porteño. Pero la gente hace sacadas, lanzadas, ganchos, volcadas y todo lo que sea sin cascar al de a lado, NO HAY NORMAS. Una rusa, dos calabazas, una porteña que vive en USA; y, al final, UNA PORTEÑA !!!!! SIIIIIIIIIIiiiiiiiiIIIIIIIIIIIiiiiiiiii !! Ahh... tuvo duda al decirme que sí. Ya me encargué yo de quitársela rápidamente; bien alto que te estoy dejando el pabellón calvo.

Y hubo exhibiciones, los mismos dos tapones que habían "bailado" el miércoles en la Nacional repitieron aquí, pero a pecho descubierto con unos tatuajes encargados para el evento. Circo-salsa-acrobacias-tango y mucho brazo (ver Noctario previo). Y entonces salieron los maestros de la porteña.... ehhhh, ahí sí me dieron. Apunten ustedes para aquellos que no los conocen: José Halfon y Virginia Cutillo. Bailaron dos piezas y un bis, las tres improvisadas, pero ¡chééé!.. grraaande. Tango nuevo mezclado con viejo, ideal. Él hace unos juegos de pies impresionantes, abrazo limpio, juegos con los ejes, se me caía la baba.

Luego le felicité y me presenté (me dijo que conocía a Joseba) y que estuvo en el campeonato de España de San Sebastián. Recordaba al pelón de Urko y a Elena ganando el título de ese año.

En fin, ayer me fui con una gran sonrisa de oreja a oreja para el hostel. Y con los teléfonos de dos porteñas; bien, avanzamos poco a poco. A Canning no me acerqué, mis bronquios están para el retiro con los sudores y los aires acondicionados.