_: La Nacional :_

Me gustaría compartir con vosotros ciertas reflexiones y acaecimientos sucedidos ayer en la milonga La Nacional en Buenos Aires. Para algunos a lo mejor es nuevo, para otros les hará recordar lo que ya conocieron.

Los miércoles, la milonga que pega es la Nacional. ¿ Por qué se llama así ? Porque se celebra en el Centro Nacional de Italia, esto es, en tanolandia. Si queres comer lasaña, ahí es que os darán buena.

Bien, como son muy cosmopolitas ellos, ayer cuando llegué como iba solo y no había reservado mesa, el camarero confeccionó una mesa multinacional: un yanqui, un francés, un argentino y un españolito (mi menda).

De todos ellos, el más normal, el yanqui, con el que se podía hablar de vez en cuando (en inglés, claro). Bien, al cabo de una hora, aquello más o menos se llenó: japoneses, más yanquis, milongueros de toda la vida, y gente sin identificar.

Comienza la fiesta y hay que cabecear. Me cagó en la costumbre de la cabezadita. Para las mujeres será chungo ver las marcas, pero para los topos como yo que de lejos no vemos bien, os podéis imaginar lo que es intentar cabecear a una tronca que está en la otra punta de la sala. Encima esta sala es un rectángulo estrecho, y estando en una esquina, me tuve que resignar a bailar con las de al rededor. ¿ Qué pasaba ? Que las que yo quería bailar eran las de la otra punta de la milonga. En fin, tras bailar con neoyorquinas, japonesas, alemanas y francesas; al fin, conseguí bailar con una argentina, que para más inri no era porteña, era de Rosario.

En fin, que las milongas se han convertido en un merendero para los milongueros taciturnos que se dedican a refrotarle la mazorca a extranjeras macizorras a las que le parece que si le aprietan es porque debe ser así el estilo tradicional.

Una última reflexión sobre las porteñas.... hay que joderse, sólo bailan con sus conocidos; toda la puta noche intentando cabecear a un par de jovencitas de allá, y las cabronas no hacían más que esquivarme. Eso sí, una yanqui que tenían junto a ellas se volvía loca, porque pensaba que le marcaba a ella y no hacía más que decirme que sí; yo pasaba claro está.

Vamos con la exhibición: bailaron dos parejas, unos grandes y altos; y otros dos taponcetes. El tamaño está claro que da igual, la cuestión es hacer la mayor cantidad de saltos, ganchos y lanzadas por segundo que uno sea capaz. No importa si le va a la música o no, qué cojones.... la cosa es que yo te tire cincuenta ganchos mientras te sostengo cabeza abajo...... creo que los acróbatas de circo corren menos peligro. En fin, hubo que aplaudir un poquito.

Ah! Y tengo una noticia super interesante, ¡¡ ayer fue el cumpleaños de El Tigre !! ¿ no sabéis quién es ? sí, hombre, un milonguero de esos de toda la vida al que le hicieron la ceremonia del baile con todas las mujeres de la sala...... muy triste..... Vale, os dejo ya en paz; hoy atacaremos con una de mis favoritas, Niño Bien. Veremos qué me encuentro hoy y cómo van las cosas.

Besos y Abrazos desde la ciudad de la lluvia, más que de los Aires.